sábado, 14 de agosto de 2010

de cero a cien en una clase (o dos o tres. o las que hagan falta)

bolivia ya está. o, en realidad, para nada. queremos volver a la mesa y, sobre todo, al ruedo. pero no por acá.

y ahora qué? no tenemos idea.
una de zombies? una de abuelos? memorias del barrio? todas las ficciones propias del tem, todos los consejos de linda seger (y qué haría cannone hablando de spiderman)... aparezcan!
qué se puede hacer mientras? cambiar los colores, empezar desde donde sea hasta donde lleguemos. como todavía no hay historia, es hora de robarle a los que saben.
por ahora disfrutemos de los días antes de la noche. otros cuatro meses de sonambulismo, rodajes en vela y ediciones trasnochadas.
como sea, (por ahora) qué bueno estar de vuelta.-

lunes, 12 de julio de 2010

una planilla de edición para los que no tenemos idea de cómo hacerla

Empezamos a rodar a tres CCDs, de prueba. Nos gustó, nos metimos y de ahí al HDV, con todo lo que eso conlleva. Recorrimos mucho, conocimos más, e intentamos registrar vivencias en digital.
De todo esto, nos quedamos con un tanto más de 15 horas de crudo, lo que significaría 900 minutos de material. Pensando un poco como Murch, si el documental durase 20 minutos, tendría que contarte 45 minutos de material filmado en 1 minuto de material visible. 45:1, más todo lo que quedó afuera: las personas, los llamados, las charlas. ¿Cómo?
El documental empezó siendo de la comunidad boliviana, luego de la radio en la comunidad boliviana, después de la cultura y el trabajo, y así. Cambiaba todo el tiempo a medida que íbamos interiorizándonos más, conociendo gente de distintas partes, de allá y de acá. Finalmente descubrimos los links que trazaba la radio a través del conurbano, y vimos cómo en ese entramado, en ese recorrido, la Argentina se desvanecía.
“No es lo que es, es lo que parece” con esa frase cerró todo mucho más. Esto NO es Bolivia, esto es Argentina. Si, pero ¿hasta qué punto? Que las imágenes cuenten.
Con esto como premisa comencé a trabajar la idea de sorpresa, de intriga, siempre dando indicios pero no confirmándolo hasta el final, en dónde podemos ubicarnos.
Para comenzar tengo que pensar en lo circular. Los sikuris se dividen en dos para hacer una melodía: en ronda, un grupo toca con sikus que tienen notas que los otros no y, entre todos, hacen la melodía completa.
Entonces partimos de un punto para regresar a él. Mostrar la trama, mostrar las conexiones que hay en el medio. Ir a Bolivia dejando lo demás de lado, hasta que sea necesario mostrar cómo no es necesario el nombre.
¿Usar o no las entrevistas que hicimos? Sentí que sobraban las palabras, que no hacía falta la explicación y tomé el riesgo, mientras me apoyaba en un nexo tan fuerte como es la radio.
La calidad de imagen quizás no siempre es la mejor, pero la elección de tomas estuvo subordinada a la búsqueda de la totalidad. No te puedo explicar lo difícil que fue sacar planos, obviar secuencias y borrar belleza que no aportaba al relato. Nadie habla de lo que queda afuera, de esos 45 minutos detrás de cada minuto de película que vemos, pero deberían darnos un premio a todos los montajistas que eliminamos planos de Chacarita volviendo lentamente por la huerta, con los cajones a cuestas, para sumergirlos en agua. Y dejarlos escurrirse.
A la hora de construir las distintas esferas utilicé una progresión de planos que fuera revelando lentamente más información. Del detalle al general, de la parte al todo.
A esta progresión de planos le siguió una progresión de lugares:
Año Nuevo Andino (Fogón, runasimi, oscuridad. Desorientación)
Taller textil, encadenado con la Radio a través del narrador. Generando un ritmo acelerado y pesado, dando indicios de trabajos y costumbres.
El ritmo incesante de la voz del narrador contrasta con la calma del primer plano del Mercado, aunque de a poco se empieza a acelerar nuevamente. Del detalle al general vemos las situaciones del mercado, sin interiorizarnos con ningún personaje. A través de la llegada de un camión vamos al exterior, entre cajones y campo, pasamos a la Huerta, donde el ritmo disminuye y los ecos de la radio ya están lejos. Los tiempos son otros (como se ve en el plano secuencia de seguimiento hasta la cosecha).
Una vez en la verdulería, continuando con el proceso de producción, vuelve la radio, en quechua y para que no quede ninguna duda. Un plano del techo de la verdulería une dos lugares con los colores de Bolivia en un colgante. Ya en Liniers incrementa un poco el ritmo, seguimos a un personaje a través de las compras. Mientras camina por una calle bajo la leyenda “mi Bolivia” revisitamos los clasificados del comienzo, pero ésta vez en forma de carteles.
El colectivo 28 y el riachuelo son una señal para dudar, pero pasamos a una clase de runasimi, después de las tizas y coca volvemos a cierto extrañamiento que aumentará cuando continuamos con el seguimiento del personaje: lo vemos entrar en un Restaurant y comenzamos a escuchar la Radio que confirma la ubicación geográfica y que hace su última aparición, cerrando un recorrido y, a la vez, haciendo de conector.
En Soldati asistimos a una morenada que, tras escenas de baile y cotidianeidad, continúa en el desfile del Bicentenario, terminando de localizarnos exactamente con planos del obelisco, Aerolíneas Argentinas y las calles del centro que cobijan a la comunidad, que demuestra que realmente no hace falta el nombre para constituir su hábitat.
Volvemos entonces al comienzo, para darle final al recorrido. Suenan los sikus, la gente baila alrededor del fuego hasta el amanecer. Suenan los pututus atravesando el solsticio de invierno, la noche más larga y fría del año. Suenan los pututus mientras las palmas siguen al sol. Suenan los pututus como si fueran la bocina del buquebús.
No se me ocurre cómo explicar esa conexión de 5518 años de cultura (que rechaza la denominación de “precolombino”) con el tráfico de turismo argentouruguayo. Necesito de esa toma, y necesito de la próxima para decirte que eso no importó, tampoco lo hizo la Reserva Ecológica de Puerto Madero, ni siquiera importó haber entrado por la bajada de Viamonte.-

martes, 6 de julio de 2010

Sin hipervínculo, poné play y listo

Pachakuteq al alcance de tu click.

Pachakuteq (corrección) from mmintz on Vimeo.

si haber esperado hasta el 74% frente a la compu te parece molesto, imaginate que se cuelga y todavía te falta el 100

para los amigos de los grupos amigos que quieren colaborar y hacernos una corrección, les dejo toda una noche de furia contra internet.
la calidad de imagen no es la mejorcita, pero espero que sirva por el momento. ya para el viernes estará la online on-line.-

PACHAKUTEQ (primera aproximación)

martes, 22 de junio de 2010

y, entre todos, un par de hooligans hablando en castellano mientras recordaban, en inglés, rivalidades que ya no importaban

a eso de las diez y media bajábamos por viamonte. de lejos se veían los ponchos, los colores y la noche cerrada a la puerta de la reserva.
una vez adentro caminamos, uno, dos, tres, diez kilómetros, en realidad perdí la cuenta mientras seguíamos el camino que hacían los de adelante. llegamos a un claro, había rio, tierra, y viento para todos. los hombres buscamos el fuego y en ronda lo construímos, uno por uno.
una vez que hubo fuego sonó un pututu y de a uno comenzaron. los hermanos se presentaron en círculo, escuchamos por qué estábamos ahí. a cada uno, cien vivas.
el fuego se avivó cuando llegaron los sikus, las tarkas y otros instrumentos fuera de época, pero con el mismo fervor y la misma recibida. se danzó en ronda, se bailó en círculo y, mientras la música inundó a todos, la luna se perdió para siempre.
nos conocimos entre todos, mientras muchos coqueaban se comenzó a hablar, en ronda, de los cóndores, de sus plumas y de la necesidad de la unión. se charló de la fuerza, de las energías y de los nuevos huevos que hace tanto no se veían.
cuando las aguas fueron turquesa, el cielo se decidió por el naranja frente al violeta. doscientas palmas extendidas, todas hacia el éste. cuatro colores, uno por punto cardinal. todos los colores en el medio, cada uno con su idioma, cada uno de dónde sea, pero todos ahí.
a eso de las ocho y veinte de la mañana el sol se asomó, lentamente, primero naranja y después blanco. se coqueó entre todos, se fumó tabaco en pipa y se quemó coca. todos fuimos bendecidos con el agua, el humo y la luz. ya de día volvieron los sikus, volvieron las tarkas, sonaron las quenas y se compartió la comida y la bebida.
eran las once de la mañana y no entendía muy bien qué hacía en el subte.
un día hablé con Máximo, me contó del año nuevo andino, me dió su amistad y me trató con respeto. yo le pregunté qué pasaba si llovía, y me contestó con una pregunta tan simple como "no se festeja igual el 31 de diciembre?". pocas veces en tu vida te sentís tan torpe. pero ése es el momento en el que entendés todo, y dos tazas de capuchino después, podés entender todo lo que te contaba el Tayta: ibamos por nuestros abuelos y para nuestros hijos, los que ni siquiera pensamos en tener.
en un momento Máximo pidió perdón por no saber expresarse, había cosas que no sabía cómo decir en español, porque él pensaba en quechua.-

lunes, 21 de junio de 2010

MACHAQ MARA

Ayer a la noche fuimos a la Reserva Ecológica a comenzar la vigilia y la fiesta del año nuevo andino, esperando el amanecer, y con él el comienzo del año, con la aparición del Inti Tata (el Sol Padre).
Para darles un poco más de información, los pueblos originarios del altiplano festejan el año nuevo el 21 de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno (lo que para nosotros es comúnmente el inicio del invierno). Es la noche más larga del año, y el día en el que el Sol está en su máxima distancia de la Tierra (siempre hablando en relación al hemisferio sur). Simbólicamente es el "reinicio del acercamiento" del Sol a la Tierra, y con él, un nuevo inicio del ciclo agrícola. Hoy se festeja el comienzo del año 5518.
El ritual de ayer comenzó a eso de las 23 hs. Nos pusimos en círculo (ubicados mujer-varón-mujer-varón). A cada uno se le daba una madera, con la que había que dar una vuelta en sentido contrario a las agujas del reloj, alrededor de donde próximamente se haría el fogón. Una vez dada la vuelta, el Taita recibía la madera, que luego acomodaba para el fogón.
Una vez participado todos los integrantes del círculo, se iniciaba el fuego (en este momento no pudimos grabar nada porque no había luz). Al prenderse el fuego, cada uno de nosotros debía decir de dónde venía y por qué estábamos allí. Más adelante, y a lo largo de toda la noche, se reflexionó mucho (siempre en grupo; las charlas se hacían entre todos, manteniendo el círculo). Se habló de la naturaleza, de la colonización, y del actual período de "descolonización" (los aymaras y quechuas dicen que ya terminó la noche de los 500 años -en 1992- y que estamos en el inicio de una nueva era).
Para alegrar la fiesta, tocó un grupo de sikuris.
Lo más emocionante fue cuando el cielo ya estaba empezando a aclarar. Faltaba poco para que apareciera el Sol. Todos nos pusimos de pie, en ronda, (excepto algunos del grupo que estábamos grabando el momento fuera del círculo). Posicionados mirando hacia el Este, con el río como escenario y el Sol que asomaba sus primeros rayos, todos alzaron sus palmas a esperar el baño de luz y energía. El Taita y otros participantes tocaron instrumentos de viento. Dijeron algunas frases en quechua y aymara. Se hizo un largo silencio. Se realizaron ofrendas al Inti Tata y se pidió por un buen año.
El Taita fue quien dio la señal de que la salida del Sol y el ritual ya habían finalizado. Todos se desarmaron del círculo, se saludaron y auguraron un buen año. Los sikuris empezaron a tocar.

Acá dejo unas fotos que encontré en internet, pero son muy parecidas a lo que vivimos y grabamos: